por Justi Muñoz
1930: Minaya, las primeras fiestas del Beato
El documento que conservo de aquel año resulta extraordinario.
El programa anuncia:
«GRANDES FIESTAS EN MINAYA durante los días 6, 7 y 8 de septiembre de 1930»
Y explica expresamente el motivo:
«Con motivo de celebrar por primera vez las fiestas en honor del Beato Alonso Pacheco, hijo insigne de esta villa...»
Estamos, por tanto, ante un documento excepcional: el programa de las primeras fiestas celebradas en Minaya en honor del Beato Alonso Pacheco.
El cambio respecto a las antiguas fiestas de Santiago queda así perfectamente situado en el tiempo.
En septiembre de 1930 comienza una nueva etapa de la historia festiva de Minaya.
Campanas, música y pólvora para comenzar
Las celebraciones comenzaron el 6 de septiembre.
A las ocho de la noche estaba previsto el repique general de campanas, acompañado de disparos de cohetes.
La Banda de Música de la villa, dirigida por su profesor, el señor Giménez, recorrería las principales calles de Minaya anunciando el comienzo de las fiestas.
Dos horas después llegaba la pólvora:
una colección de fuegos artificiales, preparada por el pirotécnico don Faustino Navarro, de San Clemente.
La música y los fuegos artificiales, que hoy seguimos asociando inmediatamente a nuestras fiestas, ya estaban presentes en aquel primer programa de 1930.
La gran procesión del Beato
El día 7 era el gran día religioso.
A las cuatro de la tarde salía la «GRAN PROCESIÓN del Beato Alonso Pacheco».
La imagen era acompañada por la Banda de Música y la procesión estaba presidida por el clero y las autoridades.
El recorrido nos permite además reconocer el paisaje urbano de la Minaya de hace casi un siglo:
Iglesia, Egido, Plaza, Olmo, Calvario, Cantarranas, Zurrador, Plaza de la Concepción, Estudio y Grande, hasta regresar a la Iglesia Parroquial.
Después de la procesión, la fiesta continuaba en el Paseo Alfonso XIII, «espléndidamente iluminado», donde la Banda de Música ofrecía un concierto.
Y alrededor del paseo se instalaba todo un mundo festivo: bares, rifas, tiro al blanco y los clásicos buñuelos.
La fiesta religiosa y la fiesta popular caminaban juntas.
Toros en las primeras fiestas
Pero la cuarta página del programa nos descubre otro elemento de aquellas primeras fiestas que merece una mención especial.
El 8 de septiembre de 1930, dentro de los festejos organizados en honor del Beato Alonso Pacheco, se anunciaba un:
GRAN FESTIVAL TAURINO
en la Plaza de Toros de Minaya.
El cartel anunciaba dos novillos de la ganadería de don Gabino Flores, de Vianos, que serían lidiados, banderilleados y muertos a estoque, siempre «con permiso de la autoridad competente y si el tiempo no lo impide».
Los matadores anunciados eran Federico Ramírez y Juan Ciller, acompañados por sus respectivas cuadrillas.
También aparecían en el cartel los banderilleros, sobresaliente, mozos de espadas y el encargado de dirigir la lidia, Juan Pradas «Romerito».
Y, como no podía faltar en unas fiestas de aquella época, el espectáculo estaría acompañado por la Banda de Música Municipal.
Los precios también han quedado para la historia:
2 pesetas la entrada general de sombra y 1,25 pesetas la de sol.
Son pequeños detalles, pero nos permiten imaginar perfectamente aquella Minaya de 1930 y el tipo de espectáculo que se ofrecía a los vecinos.
Cabezudos, carreras y una gran becerrada
El programa del día 8 comenzaba temprano.
A las siete de la mañana:
Gran Diana y disparo de cohetes.
Terminada la misa mayor tenía lugar la segunda salida de los cabezudos, que, acompañados por la música, se dirigían hacia la feria.
Después llegaban las diversiones populares:
carreras de hombres metidos en sacos, carrera de burros lerdos (ganaba el burro que llegaba en último lugar), carreras de cintas en bicicleta y suelta de globos grotescos.
A las cuatro de la tarde estaba anunciada una Gran Becerrada, en la que pondrían a prueba su valor y su arte aficionados de la localidad.
Y a las siete, segundo concierto en el Paseo y atracciones.
Las fiestas terminarían a las nueve de la noche con una espectacular:
«Gran traca eléctrica japonesa y disparo de una Gran Bomba Italiana».
Una nueva tradición para Minaya
Así, entre música, campanas, pólvora, procesiones, toros, cabezudos, buñuelos y espectáculos populares, Minaya celebró en septiembre de 1930 sus primeras fiestas en honor del Beato Alonso Pacheco.
Habían pasado casi 350 años desde su muerte (15 julio 1583) y habían transcurrido 37 años desde su beatificación (30 abril 1893).
Pero fue entonces cuando su figura pasó definitivamente a ocupar un lugar central en el calendario festivo de la villa.
Hasta aquel momento, las fiestas principales se habían celebrado alrededor del 25 de julio, festividad de Santiago el Mayor, titular de la parroquia. Se pensó y seguramente se hizo algún año, aunque no esta documentado, hacer fiestas alrededor del 15 de julio, en homenaje a la fecha de su martirio.
La decisión de trasladarlas desde julio resolvió un problema práctico para un pueblo dedicado fundamentalmente a la agricultura y que en esos años julio y agosto eran meses de plena campaña. Terminó creando una tradición.
A partir de 1930, septiembre comenzó a convertirse en el mes de la gran fiesta de Minaya.
Una tradición que ha sobrevivido a generaciones, a cambios políticos, a transformaciones sociales y a la profunda evolución que ha experimentado la vida del campo.
Porque las fiestas de septiembre que hoy conocemos comenzaron, en realidad, con una decisión tomada hace casi un siglo:
celebrar a un hijo de Minaya en el momento del año en que todo el pueblo pudiera reunirse para honrarlo y festejarlo.
Y así, desde aquel septiembre de 1930, el nombre de Alonso Pacheco quedó unido para siempre al de Minaya y sus fiestas.
Hoy, cuando cada septiembre vuelven la música, las procesiones, las verbenas y la alegría a nuestras calles, quizá convenga recordar que aquella tradición, religiosa para unos y solo festiva para otros, pero que todos sentimos como nuestra tiene una fecha de nacimiento: 1930.
Hace 96 años que Minaya comenzó a celebrar sus fiestas en honor del Beato Alonso Pacheco.

