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7 sept 2026

El dinero como filtro social: Por qué medio millón de turistas son un "éxito" y 438 menores son una "invasión"

Por Justi Muñoz

 ¿Problema de espacio o de bolsillo? El doble rasero de la presión humana en España.

Vivimos en un sistema que mide el valor de las personas por su capacidad de consumo. 

Cuando las calles se llenan, las carreteras se colapsan y los servicios públicos crujen bajo el peso de la masificación, la reacción social y política no depende del número de personas que llegan, sino del dinero que traen en el bolsillo.

La comparación entre la realidad de las Islas Baleares y la de Ceuta deja al descubierto una verdad incómoda: el verdadero conflicto no es territorial ni cultural, es un problema de clase. Es, lisa y llanamente, aporofobia institucionalizada. Para entender la magnitud de esta paradoja, basta con mirar los fríos datos económicos y demográficos.

El colapso consentido de los ricos

En las Islas Baleares, el éxito del turismo de masas y la llegada de fortunas extranjeras han creado una crisis social sin precedentes. Mallorca, con una población fija de 978.000 residentes, soporta picos diarios en verano de 1,4 millones de personas. Es decir, medio millón de personas extra consumiendo agua, saturando carreteras y colapsando depuradoras. En Formentera, la situación es extrema: sus 12.200 habitantes ven cómo la población diaria se triplica hasta superar las 33.000 personas en agosto. 

Este volumen masivo genera un coste público colosal en infraestructuras, limpieza y seguridad para frenar el auge de hurtos estacionales. Pero la consecuencia más devastadora es el mercado inmobiliario de lujo, que expulsa a los locales y obliga a médicos, policías y camareros a vivir hacinados o en caravanas. Sin embargo, el sistema tolera, financia y aplaude este colapso. ¿Por qué? Porque son considerados "clientes". Traen capital, compran villas y gastan miles de euros. Su presión sobre el territorio se camufla bajo el respetable sello del "éxito económico".

El rechazo al desposeído.

Demos un giro absoluto al mapa y miremos a Ceuta. Una ciudad autónoma de apenas 18,5 kilómetros cuadrados con 83.052 habitantes empadronados. Frente a los cientos de miles de personas extra que absorben las islas cada día, la Delegación del Gobierno y el INE cifran en 4.636 los extranjeros residentes oficiales y en 438 los menores extranjeros no acompañados (MENA) bajo tutela pública.

A nivel puramente numérico y de impacto de costes e infraestructuras, la presión en Ceuta es una milésima parte de la que sufre Baleares de forma diaria. Sin embargo, la percepción social y el debate político en torno a estos 438 menores es infinitamente más hostil. Se habla de "invasión", de "gasto insostenible" y de "problema cultural".

La clave: de "Mena" a Turista 

La diferencia entre el medio millón de personas que desborda Baleares y los pocos cientos de menores que saturan los recursos asistenciales de Ceuta no es el espacio, ni los recursos públicos que consumen. La diferencia es el poder adquisitivo.

Si cada uno de los mal llamados "menas" que pisa Ceuta tuviera mañana 7.000 euros limpios para gastar en hoteles, restaurantes y tiendas, la narrativa cambiaría por completo en cuestión de segundos. Dejarían de ser vistos como una carga o una amenaza para la seguridad colectiva.

 Automáticamente, el sistema los bautizaría como "turistas". Se habilitarían plazas para ellos, se abrirían los brazos de la administración y se les respetaría en lugar de perseguirles o quemar lo poco que tienen.

El problema que sufrimos no es de gestión territorial, es un problema ético. 

Hemos aceptado un modelo que disculpa el colapso absoluto de nuestros recursos naturales y la expulsión residencial de nuestros ciudadanos si quien lo provoca tiene una cuenta corriente abultada. Mientras tanto, criminalizamos la presencia de los más vulnerables por el simple hecho de ser pobres.

Al final, el respeto y la acogida en nuestra sociedad no se ganan por derecho humano, se compran con una tarjeta de crédito.

3 sept 2026

1930: las primeras fiestas del Beato Alonso Pacheco en Minaya

 por Justi Muñoz

1930: Minaya, las primeras fiestas del Beato 

El documento que conservo de aquel año resulta extraordinario.

El programa anuncia:

«GRANDES FIESTAS EN MINAYA durante los días 6, 7 y 8 de septiembre de 1930»

Y explica expresamente el motivo:

«Con motivo de celebrar por primera vez las fiestas en honor del Beato Alonso Pacheco, hijo insigne de esta villa...»

Estamos, por tanto, ante un documento excepcional: el programa de las primeras fiestas celebradas en Minaya en honor del Beato Alonso Pacheco.

El cambio respecto a las antiguas fiestas de Santiago queda así perfectamente situado en el tiempo.

En septiembre de 1930 comienza una nueva etapa de la historia festiva de Minaya.


Campanas, música y pólvora para comenzar

Las celebraciones comenzaron el 6 de septiembre.

A las ocho de la noche estaba previsto el repique general de campanas, acompañado de disparos de cohetes.

La Banda de Música de la villa, dirigida por su profesor, el señor Giménez, recorrería las principales calles de Minaya anunciando el comienzo de las fiestas.

Dos horas después llegaba la pólvora:

una colección de fuegos artificiales, preparada por el pirotécnico don Faustino Navarro, de San Clemente.

La música y los fuegos artificiales, que hoy seguimos asociando inmediatamente a nuestras fiestas, ya estaban presentes en aquel primer programa de 1930.


La gran procesión del Beato

El día 7 era el gran día religioso.

A las cuatro de la tarde salía la «GRAN PROCESIÓN del Beato Alonso Pacheco».

La imagen era acompañada por la Banda de Música y la procesión estaba presidida por el clero y las autoridades.

El recorrido nos permite además reconocer el paisaje urbano de la Minaya de hace casi un siglo:

Iglesia, Egido, Plaza, Olmo, Calvario, Cantarranas, Zurrador, Plaza de la Concepción, Estudio y Grande, hasta regresar a la Iglesia Parroquial.

Después de la procesión, la fiesta continuaba en el Paseo Alfonso XIII, «espléndidamente iluminado», donde la Banda de Música ofrecía un concierto.

Y alrededor del paseo se instalaba todo un mundo festivo: bares, rifas, tiro al blanco y los clásicos buñuelos.

La fiesta religiosa y la fiesta popular caminaban juntas.


Toros en las primeras fiestas

Pero la cuarta página del programa nos descubre otro elemento de aquellas primeras fiestas que merece una mención especial.

El 8 de septiembre de 1930, dentro de los festejos organizados en honor del Beato Alonso Pacheco, se anunciaba un:

GRAN FESTIVAL TAURINO

en la Plaza de Toros de Minaya.

El cartel anunciaba dos novillos de la ganadería de don Gabino Flores, de Vianos, que serían lidiados, banderilleados y muertos a estoque, siempre «con permiso de la autoridad competente y si el tiempo no lo impide».

Los matadores anunciados eran Federico Ramírez y Juan Ciller, acompañados por sus respectivas cuadrillas.

También aparecían en el cartel los banderilleros, sobresaliente, mozos de espadas y el encargado de dirigir la lidia, Juan Pradas «Romerito».

Y, como no podía faltar en unas fiestas de aquella época, el espectáculo estaría acompañado por la Banda de Música Municipal.

Los precios también han quedado para la historia:

2 pesetas la entrada general de sombra y 1,25 pesetas la de sol.

Son pequeños detalles, pero nos permiten imaginar perfectamente aquella Minaya de 1930 y el tipo de espectáculo que se ofrecía a los vecinos.


Cabezudos, carreras y una gran becerrada

El programa del día 8 comenzaba temprano.

A las siete de la mañana:

Gran Diana y disparo de cohetes.

Terminada la misa mayor tenía lugar la segunda salida de los cabezudos, que, acompañados por la música, se dirigían hacia la feria.

Después llegaban las diversiones populares:

carreras de hombres metidos en sacos, carrera de burros lerdos (ganaba el burro que llegaba en último lugar), carreras de cintas en bicicleta y suelta de globos grotescos.

A las cuatro de la tarde estaba anunciada una Gran Becerrada, en la que pondrían a prueba su valor y su arte aficionados de la localidad.

Y a las siete, segundo concierto en el Paseo y atracciones.

Las fiestas terminarían a las nueve de la noche con una espectacular:

«Gran traca eléctrica japonesa y disparo de una Gran Bomba Italiana».


Una nueva tradición para Minaya

Así, entre música, campanas, pólvora, procesiones, toros, cabezudos, buñuelos y espectáculos populares, Minaya celebró en septiembre de 1930 sus primeras fiestas en honor del Beato Alonso Pacheco.

Habían pasado casi 350 años desde su muerte (15 julio 1583) y habían transcurrido 37 años desde su beatificación (30 abril 1893).

Pero fue entonces cuando su figura pasó definitivamente a ocupar un lugar central en el calendario festivo de la villa.

Hasta aquel momento, las fiestas principales se habían celebrado alrededor del 25 de julio, festividad de Santiago el Mayor, titular de la parroquia. Se pensó y seguramente se hizo algún año, aunque no esta documentado, hacer fiestas alrededor del 15 de julio, en homenaje a la fecha de su martirio. 

La decisión de trasladarlas desde julio resolvió un problema práctico para un pueblo dedicado fundamentalmente a la agricultura y que en esos años julio y agosto eran meses de plena campaña. Terminó creando una tradición.

A partir de 1930, septiembre comenzó a convertirse en el mes de la gran fiesta de Minaya.

Una tradición que ha sobrevivido a generaciones, a cambios políticos, a transformaciones sociales y a la profunda evolución que ha experimentado la vida del campo.

Porque las fiestas de septiembre que hoy conocemos comenzaron, en realidad, con una decisión tomada hace casi un siglo:

celebrar a un hijo de Minaya en el momento del año en que todo el pueblo pudiera reunirse para honrarlo y festejarlo.

Y así, desde aquel septiembre de 1930, el nombre de Alonso Pacheco quedó unido para siempre al de Minaya y sus fiestas.

Hoy, cuando cada septiembre vuelven la música, las procesiones, las verbenas y la alegría a nuestras calles, quizá convenga recordar que aquella tradición, religiosa para unos y solo festiva para otros, pero que todos sentimos como nuestra tiene una fecha de nacimiento: 1930.

Hace 96 años que Minaya comenzó a celebrar sus fiestas en honor del Beato Alonso Pacheco.




30 ago 2026

🎶 Enhorabuena a la Asociación Cultural Musical “Villa de Minaya”

 por Justi Muñoz 

Quiero trasladar mi más sincera enhorabuena a la Asociación Cultural Musical “Villa de Minaya” por el magnífico trabajo demostrado en el concierto del pasado viernes 21 agosto 2026.

No tengo ninguna duda de que lo que pudimos escuchar es el fruto del tesón, la constancia y las muchas horas de ensayo acumuladas durante estos años. Detrás de cada nota hay esfuerzo, compromiso y, sobre todo, muchas ganas de hacer música y de llevar el nombre de Minaya por donde quiera que vayáis.

Mi felicitación individualmente a cada una de las personas que integráis la banda, y también al gran colectivo que formáis. Y, cómo no, un reconocimiento especial a vuestro director y profesores, por su dedicación y por la labor que realizan.

Estas son las iniciativas que realmente merecen la pena y que tanto el Ayuntamiento como la Diputación deben seguir apoyando, poniendo a vuestra disposición todos los recursos posibles para que nada os distraiga de lo fundamental: hacer música, aprender, disfrutar y hacer disfrutar a los demás.

El viernes sonaba muy bien. 👏🎺🎶

¡Enhorabuena a todos y todas! Y ya estamos deseando escucharos de nuevo en los pasacalles y en los actos de la Feria.

¡Seguid así! ¡Feliz feria!



2 ago 2026

Ceuta responde con convivencia frente al odio

 Ceuta responde con convivencia frente al odio.

Por Justi Muñoz 

Hay momentos en los que una ciudad escribe una página de historia. Ceuta lo ha hecho estos días.

No ha sido una lección de política partidista. Ha sido una lección de convivencia, de serenidad y de dignidad frente a quienes pretendían convertir el dolor de las personas en un espectáculo político.

Mientras algunos viajaban cientos de kilómetros buscando enfrentamiento, los ceutíes respondían con calma. Mientras algunos agitaban el miedo para convertirlo en votos, la inmensa mayoría de los ciudadanos defendía aquello que ha caracterizado siempre a Ceuta: la convivencia entre personas de distintas culturas, religiones y orígenes que se sienten orgullosamente españolas.

Lo ocurrido estos días no puede analizarse sin mirar más allá del Estrecho. Marruecos vuelve a demostrar que está dispuesto a utilizar la inmigración como instrumento de presión política. Cuando seres humanos son empleados como moneda de cambio en un conflicto diplomático, todos perdemos como sociedad. Si finalmente se confirman las cifras que han trascendido sobre las víctimas mortales, estaremos ante una tragedia humana insoportable. Ningún interés político justifica jugar con la vida de personas desesperadas.

España, además, llega a esta crisis en un contexto internacional especialmente complejo. El Gobierno de Pedro Sánchez ha mantenido una posición clara en defensa del Derecho Internacional. Ha denunciado con firmeza la tragedia humanitaria que vive Gaza y ha sido uno de los primeros dirigentes europeos en exigir el fin de la ofensiva militar del Gobierno de Benjamin Netanyahu. Mientras otros callaban, España levantó la voz frente a lo que muchos juristas, organizaciones internacionales y millones de ciudadanos consideran un genocidio contra el pueblo palestino.

También defendió la legalidad internacional cuando Estados Unidos decidió atacar Irán, una actuación ampliamente cuestionada por numerosos expertos en Derecho Internacional. España volvió a apostar por la diplomacia frente a la guerra.

A ello se suma la política energética desarrollada por nuestro país. Los acuerdos alcanzados con Argelia para garantizar el suministro de gas y mejorar las condiciones energéticas de España responden al interés general de los españoles y refuerzan nuestra autonomía estratégica.

Todo ello ha situado a España en el centro de importantes tensiones internacionales. Defender la paz, rechazar las guerras ilegales, condenar las masacres y proteger los intereses energéticos nacionales tiene consecuencias. Pero precisamente para eso están los gobiernos: para defender a su país incluso cuando resulta incómodo.

Sorprende, por ello, que algunos dirigentes de la derecha europeas hayan preferido utilizar esta situación para desgastar al Gobierno español antes que mostrar solidaridad con un país que constituye una de las principales fronteras exteriores de la Unión Europea. Resulta especialmente llamativo el comportamiento del Gobierno de Giorgia Meloni, cuando España ha apoyado en numerosas ocasiones a Italia en la gestión de la inmigración y en la defensa de las fronteras comunes. Incluso cuando Donald Trump despreció públicamente a Meloni, Pedro Sánchez defendió la necesidad de respetar a los gobiernos democráticos europeos y mantener la unidad frente a las presiones exteriores.

Pero si algo ha quedado en evidencia durante estos días ha sido la estrategia de la extrema derecha europea y española. Alimentar el miedo sigue siendo su principal herramienta política. Convertir la inmigración en un enemigo, difundir bulos y enfrentar a unos ciudadanos contra otros forma parte de una estrategia perfectamente diseñada. El gobierno de España ha pedido una reunión inmediata de Europa para abordar esto y poner coherencia ante casos similares y futuros.

Uno de los mayores engaños consiste en hacer creer que regularizar a inmigrantes que llevan años viviendo y trabajando en España provocará una inmigración descontrolada. Es falso. Regularizar no significa abrir las fronteras. Significa reconocer la realidad de miles de personas que ya están aquí, que trabajan, que no han cometido delitos y que dejarían de formar parte de la economía sumergida para cotizar, pagar impuestos y contribuir plenamente al sostenimiento del Estado.

En España tampoco han faltado quienes han querido sacar beneficio político del conflicto. Vox, Alvise Pérez, Vito Quiles y el grupo de extrema derecha Núcleo Nacional, junto a determinados medios de comunicación, como okdiario y plataformas digitales, intentaron convertir Ceuta en el escenario perfecto para la confrontación.

Pero se encontraron con algo que probablemente no esperaban.

Se encontraron con Ceuta.

Y Ceuta respondió.

Respondió rechazando el odio. Respondió rechazando a quienes pretendían importar el enfrentamiento desde la península. Respondió diciendo que no necesitaba salvadores de fin de semana ni agitadores profesionales. Respondió defendiendo su modelo de convivencia.

Especialmente significativo fue el discurso del presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, del Partido Popular, defendiendo la convivencia entre comunidades y rechazando los mensajes de odio. Al igual el discurso sereno y contra el odio del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, además dando instrucciones a fuerzas y cuerpos de seguridad para ayudar y proteger a los inmigrantes en su regreso a casa.

En momentos como estos, ese tipo de liderazgo institucional merece ser reconocido por encima de las diferencias políticas.

La ciudadanía ceutí ha demostrado una enorme madurez democrática. Ceuta ha dicho con claridad que no permitirá que nadie rompa una convivencia construida durante generaciones entre cristianos, musulmanes, judíos e hindúes. Ha recordado que la diversidad no es una amenaza, sino una riqueza.

Después de unos días especialmente difíciles, la normalidad vuelve poco a poco.

Pero la gran lección permanecerá.

Han perdido quienes pretendían enfrentar a unos españoles con otros. Han perdido quienes viven del miedo, del bulo y del enfrentamiento permanente. Han perdido quienes convierten el sufrimiento humano en propaganda electoral.

Ha ganado Ceuta.

Ha ganado la convivencia.

Ha ganado la democracia.

Y, una vez más, España ha demostrado que puede defender con firmeza sus fronteras, sus intereses y su seguridad sin renunciar a los principios que la definen como una democracia europea: la paz, el Derecho Internacional, la dignidad de las personas y el respeto entre quienes piensan diferente.

Cuando pase el tiempo, probablemente no se recordará a quienes fueron a sembrar odio. Se recordará a un pueblo que supo responder con serenidad y unidad.

Porque, al final, la verdadera victoria no pertenece a ningún partido político.

Pertenece a Ceuta.

Ceuta sale a la calle para echar a estas gentes que vienen a desestabilizar y generar odio.


Ceuta busca convivencicia