Quiero trasladar mi más sincera enhorabuena a la Asociación Cultural Musical “Villa de Minaya” por el magnífico trabajo demostrado en el concierto del pasado viernes 21 agosto 2026.
No tengo ninguna duda de que lo que pudimos escuchar es el fruto del tesón, la constancia y las muchas horas de ensayo acumuladas durante estos años. Detrás de cada nota hay esfuerzo, compromiso y, sobre todo, muchas ganas de hacer música y de llevar el nombre de Minaya por donde quiera que vayáis.
Mi felicitación individualmente a cada una de las personas que integráis la banda, y también al gran colectivo que formáis. Y, cómo no, un reconocimiento especial a vuestro director y profesores, por su dedicación y por la labor que realizan.
Estas son las iniciativas que realmente merecen la pena y que tanto el Ayuntamiento como la Diputación deben seguir apoyando, poniendo a vuestra disposición todos los recursos posibles para que nada os distraiga de lo fundamental: hacer música, aprender, disfrutar y hacer disfrutar a los demás.
El viernes sonaba muy bien. 👏🎺🎶
¡Enhorabuena a todos y todas! Y ya estamos deseando escucharos de nuevo en los pasacalles y en los actos de la Feria.
Hay momentos en los que una ciudad escribe una página de historia. Ceuta lo ha hecho estos días.
No ha sido una lección de política partidista. Ha sido una lección de convivencia, de serenidad y de dignidad frente a quienes pretendían convertir el dolor de las personas en un espectáculo político.
Mientras algunos viajaban cientos de kilómetros buscando enfrentamiento, los ceutíes respondían con calma. Mientras algunos agitaban el miedo para convertirlo en votos, la inmensa mayoría de los ciudadanos defendía aquello que ha caracterizado siempre a Ceuta: la convivencia entre personas de distintas culturas, religiones y orígenes que se sienten orgullosamente españolas.
Lo ocurrido estos días no puede analizarse sin mirar más allá del Estrecho. Marruecos vuelve a demostrar que está dispuesto a utilizar la inmigración como instrumento de presión política. Cuando seres humanos son empleados como moneda de cambio en un conflicto diplomático, todos perdemos como sociedad. Si finalmente se confirman las cifras que han trascendido sobre las víctimas mortales, estaremos ante una tragedia humana insoportable. Ningún interés político justifica jugar con la vida de personas desesperadas.
España, además, llega a esta crisis en un contexto internacional especialmente complejo. El Gobierno de Pedro Sánchez ha mantenido una posición clara en defensa del Derecho Internacional. Ha denunciado con firmeza la tragedia humanitaria que vive Gaza y ha sido uno de los primeros dirigentes europeos en exigir el fin de la ofensiva militar del Gobierno de Benjamin Netanyahu. Mientras otros callaban, España levantó la voz frente a lo que muchos juristas, organizaciones internacionales y millones de ciudadanos consideran un genocidio contra el pueblo palestino.
También defendió la legalidad internacional cuando Estados Unidos decidió atacar Irán, una actuación ampliamente cuestionada por numerosos expertos en Derecho Internacional. España volvió a apostar por la diplomacia frente a la guerra.
A ello se suma la política energética desarrollada por nuestro país. Los acuerdos alcanzados con Argelia para garantizar el suministro de gas y mejorar las condiciones energéticas de España responden al interés general de los españoles y refuerzan nuestra autonomía estratégica.
Todo ello ha situado a España en el centro de importantes tensiones internacionales. Defender la paz, rechazar las guerras ilegales, condenar las masacres y proteger los intereses energéticos nacionales tiene consecuencias. Pero precisamente para eso están los gobiernos: para defender a su país incluso cuando resulta incómodo.
Sorprende, por ello, que algunos dirigentes de la derecha europeas hayan preferido utilizar esta situación para desgastar al Gobierno español antes que mostrar solidaridad con un país que constituye una de las principales fronteras exteriores de la Unión Europea. Resulta especialmente llamativo el comportamiento del Gobierno de Giorgia Meloni, cuando España ha apoyado en numerosas ocasiones a Italia en la gestión de la inmigración y en la defensa de las fronteras comunes. Incluso cuando Donald Trump despreció públicamente a Meloni, Pedro Sánchez defendió la necesidad de respetar a los gobiernos democráticos europeos y mantener la unidad frente a las presiones exteriores.
Pero si algo ha quedado en evidencia durante estos días ha sido la estrategia de la extrema derecha europea y española. Alimentar el miedo sigue siendo su principal herramienta política. Convertir la inmigración en un enemigo, difundir bulos y enfrentar a unos ciudadanos contra otros forma parte de una estrategia perfectamente diseñada. El gobierno de España ha pedido una reunión inmediata de Europa para abordar esto y poner coherencia ante casos similares y futuros.
Uno de los mayores engaños consiste en hacer creer que regularizar a inmigrantes que llevan años viviendo y trabajando en España provocará una inmigración descontrolada. Es falso. Regularizar no significa abrir las fronteras. Significa reconocer la realidad de miles de personas que ya están aquí, que trabajan, que no han cometido delitos y que dejarían de formar parte de la economía sumergida para cotizar, pagar impuestos y contribuir plenamente al sostenimiento del Estado.
En España tampoco han faltado quienes han querido sacar beneficio político del conflicto. Vox, Alvise Pérez, Vito Quiles y el grupo de extrema derecha Núcleo Nacional, junto a determinados medios de comunicación, como okdiario y plataformas digitales, intentaron convertir Ceuta en el escenario perfecto para la confrontación.
Pero se encontraron con algo que probablemente no esperaban.
Se encontraron con Ceuta.
Y Ceuta respondió.
Respondió rechazando el odio. Respondió rechazando a quienes pretendían importar el enfrentamiento desde la península. Respondió diciendo que no necesitaba salvadores de fin de semana ni agitadores profesionales. Respondió defendiendo su modelo de convivencia.
Especialmente significativo fue el discurso del presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, del Partido Popular, defendiendo la convivencia entre comunidades y rechazando los mensajes de odio. Al igual el discurso sereno y contra el odio del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, además dando instrucciones a fuerzas y cuerpos de seguridad para ayudar y proteger a los inmigrantes en su regreso a casa.
En momentos como estos, ese tipo de liderazgo institucional merece ser reconocido por encima de las diferencias políticas.
La ciudadanía ceutí ha demostrado una enorme madurez democrática. Ceuta ha dicho con claridad que no permitirá que nadie rompa una convivencia construida durante generaciones entre cristianos, musulmanes, judíos e hindúes. Ha recordado que la diversidad no es una amenaza, sino una riqueza.
Después de unos días especialmente difíciles, la normalidad vuelve poco a poco.
Pero la gran lección permanecerá.
Han perdido quienes pretendían enfrentar a unos españoles con otros. Han perdido quienes viven del miedo, del bulo y del enfrentamiento permanente. Han perdido quienes convierten el sufrimiento humano en propaganda electoral.
Ha ganado Ceuta.
Ha ganado la convivencia.
Ha ganado la democracia.
Y, una vez más, España ha demostrado que puede defender con firmeza sus fronteras, sus intereses y su seguridad sin renunciar a los principios que la definen como una democracia europea: la paz, el Derecho Internacional, la dignidad de las personas y el respeto entre quienes piensan diferente.
Cuando pase el tiempo, probablemente no se recordará a quienes fueron a sembrar odio. Se recordará a un pueblo que supo responder con serenidad y unidad.
Porque, al final, la verdadera victoria no pertenece a ningún partido político.
Pertenece a Ceuta.
Ceuta sale a la calle para echar a estas gentes que vienen a desestabilizar y generar odio.
⚔️ De Apóstol a Guerrero: de la historia, Santiago El Mayor; a la invención, Santiago Matamoros. (El uso de la imagen de Santiago Matamoros hoy en día por la iglesia es degradante e injustificable).
por Justi muñoz
Hoy en Minaya, se celebra el día de Santiago el Mayor, patrón de la Iglesia, patrón de la cooperativa vitivinícola y patrón del pueblo hasta el inicio del siglo XX.
Se ha hecho hoy una procesión y, a mí juicio, ha habido un grave error al sacar a pasear a Santiago Matamoros, cuando se debería de sacar al Santo de la Paz, Santiago el Mayor que jamás usó caballos ni espadas.
El origen real: Santiago fue un apóstol pacífico y el primer mártir cristiano, decapitado en el año 44 d.C. ¡Nada de espadas ni caballos!
El invento medieval: En el siglo IX, los reinos cristianos necesitaban un símbolo contra el avance musulmán. En la "Batalla de Clavijo" (año 844) se inventó la leyenda de que el apóstol bajó del cielo en un caballo blanco para matar infieles. Nació así el grito de "¡Santiago y cierra, España!".
La crítica actual: Usar hoy la imagen del "Matamoros" es un grave error histórico y teológico. Es un mito creado siglos después para justificar guerras, que choca por completo con el mensaje de paz del Evangelio.
El presente: Hoy la Iglesia promueve exclusivamente la imagen de Santiago Peregrino (con bastón y concha), dejando atrás esa vieja alegoría violenta.
(Una cosa es la historia del apóstol y otra muy distinta el mito bélico inventado por la política medieval). 🛡️✨
Nos está quedando una democracia con demasiada gaseosa. Una democracia rebajada, desgastada por el ruido constante, por el enfrentamiento permanente y por una utilización de las instituciones que cada vez genera más desconfianza en la ciudadanía.
El poder político y el poder judicial deberían caminar juntos en la defensa de la democracia y del Estado de derecho. El Gobierno y el Parlamento tienen la responsabilidad de legislar, debatir y construir mayorías que fortalezcan el sistema democrático. Y los jueces demócratas —que seguramente son la mayoría— deben impedir que la justicia se convierta en una herramienta de lucha política.
Pero también la sociedad tiene una responsabilidad. Debemos educar en democracia, tanto en las aulas como en la calle. Porque una democracia sólida necesita ciudadanos que crean en las instituciones, aunque las critiquen y exijan que mejoren.
Sin embargo, cada día se percibe más una justicia con distintas velocidades y diferentes varas de medir.
Ahí están casos como Gürtel, Kitchen o el caso Montoro. Especialmente llamativos fueron los audios relacionados con M. Rajoy y Cospedal, mientras algunos jueces parecían actuar más como abogados defensores que como garantes imparciales de la ley.
En otros asuntos, como el de Ayuso y su pareja, se producen situaciones difíciles de entender para la ciudadanía: se aparta al presidente del PP que hablaba públicamente del caso y los procedimientos se dilatan mientras informes de la UCO siguen sin aparecer.
También sorprenden determinados contrastes judiciales. Aldama, procesado por una estafa relacionada con hidrocarburos, permanece en libertad, mientras Cerdán está en prisión preventiva sin que todavía se conozca claramente el alcance de los hechos que se le atribuyen.
Los antecedentes tampoco ayudan a generar confianza. Los procesos contra Podemos basados en informaciones falsas, el caso de Mónica Oltra o el de los ERE dejan demasiadas preguntas abiertas y alimentan la sensación de que algo necesita revisarse en el funcionamiento de la justicia.
El juicio relacionado con las mascarillas contra Koldo, Aldama y Ábalos también deja imágenes difíciles de explicar. A uno se le solicitan cuatro años de condena y a otros veinticuatro, mientras otros contratos similares han quedado prácticamente impunes, incluso con precios más elevados que los cuestionados en este caso.
A ello se suman procesos como el juicio al fiscal general o las causas abiertas contra Begoña Gómez y el hermano de Pedro Sánchez, procedimientos que para muchos ciudadanos parecen más ejercicios de desgaste político que investigaciones con fundamento sólido.
Se juzga a Zapatero, pero no a Aznar con un negocio de viviendas montado desde los fondos buitre, entre otros muchos.
Por eso resulta legítimo que muchos ciudadanos observen con escepticismo determinadas actuaciones judiciales y se pregunten si realmente todos los procesos responden únicamente a criterios jurídicos objetivos.
Y el problema es que todo esto tiene consecuencias profundas. No solo afecta a las personas investigadas, a sus familias o a los partidos implicados. También erosiona la credibilidad de las instituciones. El barro permanente, los bulos difundidos diariamente y la crispación política constante están haciendo mucho daño.
A la desafección hacia la política se empieza a sumar algo aún más peligroso: la pérdida de confianza en la justicia.
Necesitamos volver a unir a la sociedad alrededor de un proyecto democrático común. Recuperar el valor de la política útil, la que propone ideas y soluciones reales para la gente. Defender una justicia independiente y respetada. Y recordar que la inmensa mayoría de servidores públicos, tanto jueces como políticos, cumplen honestamente con su trabajo.
España tiene fortalezas enormes. Somos un país que lidera muchos avances en Europa, que ha sabido responder a crisis difíciles y que mantiene una voz relevante en el escenario internacional. Hemos demostrado capacidad para afrontar problemas sanitarios, económicos y sociales con responsabilidad y solidaridad.
Por eso, si de verdad nos consideramos patriotas, deberíamos empezar por defender nuestro país de los bulos, de la manipulación y de la política del “todo vale”. Porque una democracia no se destruye de golpe: se va vaciando poco a poco, hasta quedarse solo con la gaseosa.