Por Justi Muñoz
Introducción: Dos modelos de gestión ante la crisis
El sistema de pensiones en España no es solo un indicador económico, es el reflejo de la voluntad política de un país. A lo largo de las últimas dos décadas, España ha transitado por dos modelos opuestos:
la austeridad (basada en recortes para afrontar una crisis mundial de ladrillo y preferentes)
la inversión social (basada en el refuerzo del consumo y la protección de los más vulnerables para equiparar en justicia social y después de 2020 paliar crisis como COVID y la guerra Rusia Ucrania o los ataques de Israel a Gaza).
Este informe analiza cómo las pensiones de viudedad y jubilación mínima han evolucionado frente a la inflación y el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), destacando el cambio de paradigma tras la pandemia de COVID-19 y la crisis energética actual.
1. Radiografía de la Evolución Anual (2003-2026)
La siguiente tabla muestra la evolución de las cuantías mensuales (en 14 pagas) y el esfuerzo de revalorización anual realizado por los distintos gobiernos.

Hasta 2017 las pensiones de viudedad mínimas estaban por encima del salario mínimo, no por ser estás altas, al contrario, el SMI estaba muy por debajo de la realidad. Es con el gobierno progresista actual cuando el SMI experimenta un avance situándose en términos más reales.
2. Análisis por Etapas Políticas: Gestión de Crisis y Poder Adquisitivo
A. La etapa Zapatero (2004-2011): El inicio de la protección
Se caracterizó por una fuerte apuesta inicial para dignificar las pensiones mínimas. En esta etapa, la pensión de viudedad con cargas subió un 49%, mientras que la inflación acumulada fue del 17,5%. El pensionista ganó poder de compra, pero la crisis de 2008 forzó un final de ciclo con crecimientos muy reducidos.
B. La etapa Rajoy (2012-2018): La era del 0,25%
Bajo la doctrina de la austeridad exigida por Europa tras la crisis del "ladrillo", aparece un gobierno del PP sin personalidad en Europa y que prefería rescatar bancos a personas, se desvinculó la subida de las pensiones del coste de la vida. Durante 4 años consecutivos, las pensiones subieron el mínimo legal del 0,25% (apenas 1,5€ al mes). El resultado fue un estancamiento real: el pensionista no mejoró su situación, simplemente "resistió" frente a la inflación.
C. La etapa Sánchez (2019-2026): El blindaje social
En 2018, ya con Pedro Sánchez, el cambio del 0,25% al 3% en las mínimas, en algunas tablas no aparece este dato, demostró que sí había margen económico si había voluntad política.
En 2019, hubo otra subida muy potente específicamente en la viudedad porque el Gobierno aumentó la base reguladora del 56% al 60%, lo que dio un impulso extra a este colectivo, supuso una subida entorno al 8%, tampoco reflejado en alguna de las tablas.
Esta etapa marca un cambio histórico en la gestión de crisis internacionales (COVID, Guerra en Ucrania). En lugar de recortes, se utilizó el aumento del SMI (+72%) y la revalorización de pensiones por encima del IPC como motor económico.
Logro clave: En 2026, la pensión mínima de viudedad con cargas familiares será de 1.256,50 €, superando por primera vez al Salario Mínimo proyectado.
Europa: El papel del Gobierno de España y en especial del Presidente Pedro Sánchez ha sido fundamental para que Bruselas permitiera mutualizar la deuda (Fondos Next Gen) en lugar de imponer recortes, permitiendo que la economía crezca sin dejar atrás a los pensionistas.
3. Conclusión: La Ganancia Real de Poder Adquisitivo
Para entender el éxito de una política social, debemos mirar la Ganancia Neta (lo que sobra tras pagar la subida de precios).
La gestión actual ha conseguido que, ante una crisis de inflación global mucho más agresiva que la de 2012, el pensionista con cargas familiares gane más de 37 puntos de poder adquisitivo real. Esto no es casualidad, sino el resultado de legislar para que las pensiones mínimas converjan con el umbral de pobreza, garantizando que nadie se vea obligado a elegir entre comer o calentar su hogar.
Este estudio demuestra que la economía puede crecer redistribuyendo la riqueza. Mientras en la crisis de 2012 se rescataba a la banca, en la crisis de 2020 se ha rescatado a las familias.
"A menudo nos dicen que en tiempos de crisis 'no hay dinero', pero la historia reciente de España demuestra que la economía es una cuestión de prioridades. Mientras que en 2012 la respuesta a la crisis fue el rescate bancario y la congelación del 0,25%, la respuesta a la pandemia y la guerra ha sido el blindaje social.
Los datos no mienten: un pensionista con cargas familiares hoy tiene un 37% más de poder adquisitivo real que antes de estas crisis. Esto no es solo una cifra en un BOE; es la diferencia entre la precariedad y una vejez digna. España ha demostrado en Europa que se puede salir de las dificultades sin dejar a los mayores por el camino."
Un horizonte de retos: Por qué no basta con proteger las pensiones
Aunque los datos de este estudio certifican un avance histórico en la protección de nuestros mayores, no podemos caer en la autocomplacencia. La mejora de las pensiones es un pilar, pero el bienestar social es un edificio complejo que hoy enfrenta grietas profundas en otros frentes.
El derecho a una vivienda digna sigue siendo el gran reto pendiente. Mientras se siga permitiendo el negocio del mercado inmobiliario sobre la función social del hogar, el esfuerzo de subir pensiones y salarios se verá diluido por alquileres asfixiantes. Es urgente que el Estado y las Autonomías, desde la corresponsabilidad, saquen la vivienda familiar de la especulación para cumplir, de una vez por todas, con el mandato constitucional.
Del mismo modo, la gestión de la inmigración requiere abandonar el ruido político para abrazar la pedagogía y la empatía. Solo desde una mirada socialdemócrata, que entienda la complejidad del que sufre y busca una oportunidad, podremos construir una sociedad cohesionada.
En definitiva, los números de este informe demuestran que cuando hay voluntad política, las soluciones llegan. Pero también nos recuerdan que la lucha por la dignidad no se detiene en las pensiones; es un camino continuo que solo puede recorrerse desde posiciones que pongan a las personas en el centro de la gestión.