por Justi
Un Minayero que luchó en el siglo XVI contra la esclavitud y contra la
evangelización a golpes.
Bernardino de Minaya nació en Minaya en 1489, profesó como dominico en 1519 y marchó
a las Indias en 1527, concretamente a México en misión de evangelización en las provincias
de la Nueva España. Ayudado por conversos cristianizados por él mismo pasó
a Nicaragua, luchando siempre contra el trato que daban los colonizadores a los
indios, y posteriormente, enterado de las conquistas de Pizarro, consiguió ser
enviado a Perú, donde tuvo gran cantidad de enfrentamientos con el
conquistador, al que llegó a mostrar ordenanzas del emperador que prohibían la
esclavitud consiguiendo que algunas incursiones se detuvieran. Pero repudiado
por los españoles, que llegaron a quitarle el mantenimiento, tuvo que volver a
Panamá y de allí a México.
Su llegada a la Nueva
España coincidió con una provisión del Presidente del Consejo de Indias, el
cardenal García de Loaysa que, influido por las teorías de Fray Domingo de
Betanzos (dominico que negaba la completa humanidad de los indios) ordenaba la
venta de hasta diez mil de ellos como esclavos. Decidido a luchar contra
semejante injusticia, y provisto de una carta del Obispo de Oaxaca y otras de
franciscanos y del Obispo de Santo Domingo, embarcó en Veracruz para España
viviendo de las limosnas hasta que consiguió llegar a Sevilla y desde allí a
Valladolid. El Emperador estaba en el Norte de Europa, pero la Emperatriz,
gracias a la mediación de un miembro del Consejo de Indias, le dio cartas para
el Papa, Paulo III, provisto de las cuales se encaminó a Roma.
Recibido por el Papa
merced a las cartas de recomendación, le convenció de la necesidad de poner fin
al maltrato que se daba a los indios. Paulo III redactó una Bula, la Sublimis
Deus, en la que se puede leer:
“…Nos…consideramos,
sin embargo, que los indios son verdaderos hombres y que no solo son capaces de
entender la fe católica, sino que, de acuerdo con nuestras informaciones, se
hallan deseosos de recibirla… tales indios y todos los que más tarde se
descubran por los cristianos, no pueden ser privados de su libertad por medio
alguno, ni de sus propiedades… y no serán esclavos, y todo cuanto se hiciere en
contrario será nulo y de ningún efecto…”
La Bula fue enviada
directamente por Minaya a los obispos de América sin obtener antes la
autorización del Emperador, lo que contravenía los tratados existentes que
daban a la corona de Castilla una autoridad sobre el Nuevo Mundo prácticamente
absoluta. Carlos V consiguió que el Papa dictase un Breve unos meses después
dejando sin efecto la Bula, pero ésta estaba ya distribuida por el padre Las
Casas, e incluso estudiada en Salamanca, donde parece posible que tuviese gran
influencia en los escritos del padre Francisco de Vitoria, considerados hoy
como la verdadera base del Derecho Internacional.
Cinco años más tarde,
las Leyes Nuevas, con la aprobación del Emperador, seguían paso a paso las
disposiciones de la Encíclica.
Bernardino de Minaya
fue recluido dos años en un convento, enviado posteriormente a predicar en la cárcel
de Valladolid, y se le prohibió volver a América.
Y cayó en el olvido
de la Historia.
*Información recogida del libro de Daniel Sánchez Ortega. “Fray
Bernardino de Minaya y su tiempo”